Cuando BNPL se encontró con la regulación

La nueva directiva de crédito al consumo iguala el terreno de juego entre los bancos y demás entidades supervisadas por Banco de España y los negocios que, como el BNPL, dan financiación o aplazan pagos como no regulados.

Publicado en El Confidencial el 14-02-2025

14-02-2025 — CM/2025/025

El crédito siempre ha sido uno de los negocios de la banca que más ha atraído a las empresas fintech y a sus inversores.

Las nuevas tecnologías, la digitalización y un vacío legal que, en muchas jurisdicciones como la española, permite conceder financiación sin necesidad de licencia o registro, han transformado el préstamo de la banca en nuevas soluciones. También han permitido llegar a un público más amplio que no siempre tenía cubiertas sus necesidades de financiación con la banca tradicional.

Sin embargo, los riesgos intrínsecos del negocio del crédito y las sucesivas crisis han generado incertidumbre en los tipos de interés y en la solvencia de los clientes, y ha provocado que solo unas pocas fintechs dedicadas a este negocio hayan logrado consolidarse.

Muchas plataformas de P2P lending, microcréditos, préstamos dirigidos a colectivos, negocios “compra hora, paga después” (buy now pay later o BNPL) y otras soluciones que prometían mejor conocimiento del cliente y reducción de las ratios de impago no alcanzaron la rentabilidad esperada. Como resultado, muchas no lograron asentarse y, en algunos casos, tuvieron que cerrar o reorientarse hacia otros modelos de negocio.

Los BNPL parecen ser los últimos en encontrarse en la encrucijada de adaptarse o desaparecer. Aunque este modelo de negocio lleva más de veinte años en funcionamiento y ha logrado expandirse por todo el mundo con una aceptación creciente, ahora sufre una mayor presión de los reguladores. El riesgo de sobreendeudamiento de los clientes ha llevado a los supervisores a examinar estos servicios e impulsar cambios normativos para someterlos a la misma regulación que las entidades de crédito.

El legislador de la Unión Europea ha actuado en consecuencia y, a finales de 2023, promulgó la nueva directiva de crédito al consumo, que entrará en vigor en 2026. Además de imponer nuevas obligaciones a bancos y entidades de crédito para reforzar la protección del consumidor, incluye en su ámbito de aplicación a las entidades dedicadas al BNPL, que tendrán que competir en el negocio de la financiación con las mismas reglas del juego.


La nueva directiva de crédito al consumo llega tarde para adaptar el negocio de la financiación a la nueva realidad digital y a las necesidades de los clientes


La Unión Europa no ha sido la primera en actuar. Otros países ya han tomado medidas en la misma línea y están empezando a ver los resultados. China, tras el colapso de las plataformas de P2P lending en 2019, vio clara la necesidad de ajustar su regulación. Desde 2021, los negocios BNPL están obligados a compartir la información de sus clientes y a cumplir con las obligaciones de reporting, al igual que el resto de las entidades, al registro nacional de crédito de China (similar a la CIRBE en España).

En un reciente estudio del Banco de Pagos Internacionales (BIS, en siglas inglesas), titulado «The use and disuse of Fintech credit: when nuy-now-pay-later meets credit reporting», analizó la situación de 200.000 clientes de Huabei, el mayor BNPL chino y demostró que estás medidas han generado un efecto positivo al reducir los casos de sobrendeudamiento, rebajar el porcentaje de morosos (con mayor incidencia en clientes de hasta 30 años) y mejorar considerablemente las ratios de recuperación de impagos.

Además, pese a que las medidas redujeron el uso del BNPL en el 14 %, ayudaron a dar publicidad, transmitir confianza en el producto y lograr comportamientos financieros más responsables, y también a aumentar la contratación por usuarios de mayor edad.

Parece claro que estos cambios normativos refuerzan la importancia de incluir en la regulación a todos los actores que conceden préstamos para evitar prácticas abusivas y de integrar en los sistemas de información crediticia todo tipo de financiadores, pero también influirán en el negocio y pueden alterar el statu quo actual del mercado de la financiación al consumo en España.

Por un lado, habrá que ver cómo los BNPL y otras empresas de financiación cumplen con sus nuevas obligaciones y cómo influirán en sus estrategias de captación, en su cartera y sobre su cuenta de resultados.

Por otro, veremos cómo las entidades tradicionales aprovechan la situación. Muchas de ellas vieron el potencial y han ido adaptando sus productos de crédito o han lanzado productos o marcas específicas para añadir modalidades de pago aplazado en su catálogo. El último ejemplo es el neobanco Revolut, que recientemente ha anunciado la nueva opción de pago a plazos para su tarjeta de crédito, alternativa al BNPL, que permite fraccionar compras a partir de 50 euros con un miniplán de crédito e intereses más bajos que el revolving.

Ahora es el momento de comprobar si, con esta igualdad de condiciones que tanto deseaban las entidades, son capaces de ofrecer la agilidad que demandan clientes y comercios y ganar cuota de mercado sin empeorar su cartera.

A pesar de todo lo dicho, no debemos olvidar la positiva influencia de las fintechs dedicadas a la financiación en ampliar el acceso de personas y empresas al crédito, y en mejorar los procesos de concesión. Estas soluciones han aportado un valor innegable a la sociedad y los reguladores deberían buscar el equilibrio entre innovación, inclusión financiera y protección del consumidor.

La nueva directiva de crédito al consumo llega tarde para adaptar el negocio de la financiación a la nueva realidad digital y a las necesidades de los clientes. Aún está por ver cómo será la trasposición final en España. Sea como fuere, confiemos en que, como ocurrió con la regulación en China, mejore la protección al consumidor y refuerce la solvencia del sector, pero manteniendo las ventajas que las nuevas soluciones de financiación y pago ofrecen a consumidores y comercios.

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