La taxonomía social tendrá que esperar

Publicado en Invertia el 08-12-2022

08-12-2022 — CM/2022/091

La sostenibilidad es, hoy, uno de los pilares de actuación de la Unión Europea, sobre todo en el ámbito financiero, en el que nunca habíamos observado una tendencia con un desarrollo tan rápido y un calado tan estructural como la normativa de finanzas sostenibles.

En este conjunto normativo, juega un papel fundamental la taxonomía para la sostenibilidad —especie de inventario de las actividades calificadas como sostenibles—, que se desarrolla en el Reglamento (UE) 2020/852.

Se concibió como una herramienta que facilitaría la inversión sostenible al identificar y definir, mediante el uso de criterios científicos, esas actividades, y su objetivo no es otro que proporcionar a las empresas, a los inversores y a los reguladores un “diccionario” único de actividades económicas sostenibles.

No obstante, hoy, la taxonomía cubre solo objetivos ambientales, y abarca dos de sus seis objetivos relacionados con el cambio climático, por lo que es previsible que se continúe desarrollando para contemplar los cuatro restantes —ya bastante retrasados— y para extenderla a la taxonomía social. En esta, ya se había visto algunos progresos, pero su tramitación ahora parece quedar en un segundo plano, como ha señalado Vincent Ingham, director de regulación de la Asociación Europea de Fondos y Gestión de Activos (EFAMA), quién añade que la Comisión Europea «no ha adoptado una posición oficial», pero «parece que no darán prioridad a la taxonomía social» y que no habrá ningún movimiento durante varios años.

En respuesta a las preguntas sobre el estado de la taxonomía social, una portavoz dijo que la Comisión Europea publicaría un informe sobre las ventajas de ampliar la taxonomía para cubrir las cuestiones sociales «a su debido tiempo», y que mientras tanto «seguiría llevando a cabo otras iniciativas políticas que promuevan las inversiones con un impacto social positivo».

La Comisión Europea no ha confirmado oficialmente la medida, pero parece que las dificultades para acordar un marco conceptual y un sistema de medición que funcionen en la Unión Europea y en el resto del mundo han conllevado que deje de ser una prioridad en la agenda legislativa de la Unión Europea.

En este sentido, Bianca Polidoro, directora de políticas y asociaciones de la Unión Europea en la European Venture Philanthropy Association y miembro del Grupo de Expertos en Economía Social y Empresas Sociales de la Comisión Europea, ha señalado, en declaraciones a Impact Investor, que parecía haber una falta de voluntad dentro de la Comisión para impulsar la creación de un sistema de clasificación y que «necesitamos más coordinación entre las diferentes Direcciones Generales a nivel de la Comisión Europea para avanzar en una taxonomía social».

Uno de los principales escollos para avanzar es que, mientras que los objetivos y criterios medioambientales pueden basarse en datos empíricos, como la medición de la reducción de las emisiones de carbono, una taxonomía social tendría que sustentarse en normas internacionales acordadas y en medidas de progreso más difíciles de cuantificar.

En resumen, es más difícil medir el impacto social que el impacto medioambiental, y aún más conseguir que los políticos de los países de la Unión Europea se pongan de acuerdo sobre qué medidas sociales deben ser prioritarias. Como dice Hugo Gallagher, asesor político de Eurosif, la taxonomía social se puede convertir en algo muy polémico desde el punto de vista político.

Para los inversores interesados en realizar inversiones sostenibles con un carácter social, tratando de navegar por el cambiante entorno normativo, el hecho de que la Unión Europea haya dejado en un segundo plano la taxonomía social implica que sus inversiones no estarán respaldadas por un marco normativo claro, aumenta, por tanto, los potenciales riesgos de impostura ecológica (greenwashing) y dificulta el avance de los mercados financieros hacia un futuro más sostenible y resiliente.

Las finanzas sostenibles pretenden conseguir que las inversiones financieras tengan en cuenta criterios ambientales, sociales y de gobernanza al elegir su destino. Se ha avanzado en el primero de esos criterios, pero se evidencian retrasos en los otros dos. Cualquier observador deduce la fuerte implicación mutua de los tres entre sí y la dificultad de que se consigan los fines últimos sin un desarrollo armónico de esos tres pilares.

Últimas noticias (ver todas)

Pagos agénticos: cuando quien paga es un agente de IA

Jorge Ferrer, socio
María Sánchez de León, asociada principal

01-11-2026

Tribuna de opinión firmada por Jorge Ferrer, socio cofundador de finReg360, y María Sánchez de León, asociada principal de finReg360, en la que analizan los agentes de inteligencia artificial, que ya no solo buscan y comparan por nosotros, sino que también empiezan a comprar y pagar, y plantean nuevas cuestiones para bancos, comercios y proveedores tecnológicos.
En El Confidencial el 01-11-2026 | finReg

Así es la fórmula de éxito de las cuentas de inversión en Europa

Fernando Alonso, socio

31-10-2026

Fernando Alonso, socio de Estrategia y Operaciones de finReg360, participa en este artículo aportando su visión experta sobre los elementos que están funcionando mejor y sobre la propuesta planteada en España.
En Expansión el 31-10-2026

España crea el Consejo Nacional para reforzar la prevención del blanqueo de capitales

finReg360

28-10-2026

Según recoge finReg360, el nuevo organismo responde a una de las prioridades del Plan Estratégico Nacional para la Prevención del Blanqueo de Capitales 2026-2030: mejorar la cooperación entre las autoridades y el sector privado para detectar riesgos y reforzar la eficacia del sistema preventivo.
En Territorio Fintech el 28-10-2026