Llega la nueva cuenta europea que quiere convertir a los ciudadanos en inversores

Publicado en Consejeros el 15-12-2025

15-12-2025 — CM/2025/188

La Comisión Europea dio un paso decisivo en marzo de 2025 al presentar su estrategia para la Unión de Ahorros e Inversiones (Savings and Investments Union, SIU). Con ella persigue los objetivos de transformar la forma en que el sistema financiero europeo canaliza el ahorro privado hacia inversiones productivas y de lograr que los ciudadanos pasen de ser ahorradores a inversores.

No estamos ante una reforma meramente técnica, sino ante un cambio estructural que Europa necesita para recuperar su posición competitiva en el mundo tras las llamadas de atención de los informes Letta y Draghi.

Las cifras ayudan a dimensionar este cambio: la Comisión calcula que la UE necesitará entre 750.000 y 800.000 millones de euros adicionales al año hasta 2030 para modernizar su economía. Como los fondos públicos por sí solos no pueden cubrir ese volumen, Bruselas apuesta por movilizar de manera más eficiente el ahorro privado, que hoy está concentrado en productos conservadores, principalmente, depósitos bancarios, y canalizarlo hacia inversiones que potencien el crecimiento económico y lo financien.


La ausencia de armonización fiscal limita las competencias de la Comisión


Para avanzar en esa dirección, la Comisión considera que, además de impulsar la Retail Investment Strategy (RIS), también orientada al inversor minorista, es preciso activar nuevas herramientas que aumenten la participación de los ciudadanos en los mercados de capitales. Entre ellas, destaca la creación de las cuentas de ahorro e inversión (savings and investment accounts, SIA), diseñadas como una alternativa sencilla, accesible, flexible y fiscalmente atractiva frente a los productos tradicionales.

El planteamiento de las autoridades de la UE sobre estas cuentas, publicado en septiembre pasado, no se basa en una propuesta legislativa, sino en una recomendación a los Estados miembros para que incorporen esta figura a sus ordenamientos y logren que todos los ciudadanos de la UE tengan oportunidades similares, vivan donde vivan.

Como no es una propuesta normativa, cada país definirá su propia cuenta de ahorros e inversiones. La Comisión solo propone una estructura básica de la cuenta y unas premisas, que son las siguientes:

  • Que incluya vehículos simples que permitan invertir en acciones, bonos y fondos de inversión, y se diferencie de los productos de previsión social o de jubilación en los que la disponibilidad por el titular del capital suele restringirse hasta una edad determinada.
  • Que sea flexible y líquida, es decir, orientada a la inversión, no a bloquear el ahorro a largo plazo. Los usuarios deben poder cambiar de inversión o liquidar sus activos en cualquier momento, lo que excluye productos complejos o con escasa liquidez.
  • Que no incluya, para proteger a los inversores minoristas, productos excesivamente arriesgados o complejos, como determinados derivados o criptoactivos de alta volatilidad.
  • Que sea fácil de abrir. Es necesario simplificar al máximo los trámites y permitir incluso que los propios proveedores gestionen las declaraciones en nombre del cliente para reducir la carga administrativa.
  • Que cualquier entidad autorizada para distribuir productos de inversión pueda ofrecer una cuenta de ahorro e inversión: bancos, empresas de servicios de inversión, plataformas digitales o neobrókeres. Además, no debe limitarse el número de cuentas por ciudadano para favorecer así la competencia y que los usuarios elijan la opción que mejor se ajuste a sus necesidades.
  • Que sea portable. Los ciudadanos deben poder trasladar sus activos de una cuenta a otra —incluso trasladar la cuenta entre entidades situadas en distintos países de la UE— sin costes excesivos ni trámites innecesarios. En cuanto al abanico de inversiones, la Comisión propone que, como mínimo, permita invertir en acciones, bonos y fondos UCITS, y ofrezca opciones suficientes para diversificar por activos, sectores, geografías o perfiles de riesgo. También alienta a que estas cuentas incluyan alternativas que canalicen el ahorro hacia ámbitos estratégicos para la UE, como la transición energética, la innovación tecnológica o el apoyo a las pymes.

Al leer las características de la SIA, uno se pregunta por un factor clave: su tratamiento fiscal. Y es que la ausencia de armonización fiscal limita las competencias de la Comisión. La Comisión admite abiertamente que, sin incentivos fiscales atractivos, estas cuentas no cumplirán su función. Y, aunque la fiscalidad compete en exclusiva de los Estados, Bruselas insta a diseñar esquemas que resulten interesantes para inversores, proveedores y administraciones.


El éxito de la futura SIA dependerá en gran medida del diseño de esos incentivos fiscales y de que no colisionen con los ya vigentes


La experiencia europea demuestra que los incentivos fiscales marcan la diferencia. En Suecia, por ejemplo, la cuenta ISK (que sería una SIA) permite invertir sin tributar por cada operación: se aplica, en su lugar, un impuesto anual fijo sobre el patrimonio de la cuenta, con una exención para patrimonios inferiores a 150.000 coronas (unos 14.000 euros) desde 2025. En Italia, los PIR (piani individuali di risparmio, que también pueden asimilarse a la SIA) ofrecen exención total de impuestos sobre plusvalías, dividendos o intereses si se mantienen las inversiones durante al menos cinco años, lo que ha favorecido especialmente la financiación de pymes.

En España, el éxito de la futura SIA dependerá en gran medida del diseño de esos incentivos fiscales y de que no colisionen con los ya vigentes, en especial los aplicables a los fondos de inversión. También será crucial para su éxito que las entidades financieras consideren que es un producto operativamente viable, sin cargas adicionales ni requisitos innecesarios.

Por ahora, no hay una fecha prevista para conocer si habrá cuenta de ahorro e inversiones en nuestro país ni cómo será. Además, España —que, con Francia y otros Estados defendió la creación de un sello europeo para certificar productos simples, transparentes y aptos para el inversor minorista— deberá ver cómo encaja este enfoque en el despliegue real de esta cuenta y en el resto de las piezas de la Unión de Ahorros e Inversiones. A la espera de cómo se acaben plasmando todas estas medidas en la práctica, será preciso seguir de cerca su desarrollo para anticipar sus efectos y su contribución real a movilizar el ahorro privado en nuestro país y en la UE.

 

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